Cariño en la lámpara de la habitación hay una bombilla que parpadea. Nunca pude imaginar que esa frase tan normal en cualquier casa, quien no ha cambiado una bombilla de una lámpara, sumiese a la mía en un entramado de circunstancias tales que acabaron por dejarme dos días a la luz de las velas en la habitación. El simple hecho de ir a enroscar la bombilla, pues creía que el vaiven de la luz no podía ser otra cosa que la bombilla estaba floja, produjo un chispazo que se tradujo en apagón. Me había quedado sin luz en la habitación. Y sólo en esa habitación, porque el resto de la electricidad de la casa funcionaba, menos mal. Pero claro, todo lo que tenía de normalidad ese resto de la casa, se convertía en anormalidad en esa habitación. Lo primero porque el automático no había saltado, raro, si hay chispazo es la primera causa efecto. Lo segundo porque la bombilla que creía causante del desaguisado funcionaba perfectamente después de ponerla en la lámpara de la otra habitación. Lo tercer...
En este blog publicaré cosas que me ayudaron o me sirvieron para algo en un momento dado.