Corría el minuto 27, minuto arriba, minuto abajo, porque el obsoleto marcador del Estadio de Vallecas últimamente ha sido de poco fiar en ese aspecto, cuando desde la parte superior grada visitante, una grada colmada ese día de aficionados del equipo macedonio del Shkëndija, un cántico brotaba de sus gargantas tratando de herir la sensibilidad de un barrio obrero, el barrio de Vallecas. Puto Rayo, puto Rayo eh eh. Puto Rayo, puto rayo eh eh. Lejos de lograr su objetivo provocador, estos aficionados visitantes no sabían que en ese mismo momento estaban facilitando a la afición local un nuevo grito de guerra y orgullo, un grito que en la repleta grada local empezó a corearse inmediatamente, al unísono y a pleno pulmón, ante la atónita mirada de los aficionados macedonios que no acababan de entender que estaba pasando. Como un barrio absolutamente enloquecido con su equipo, utilizaba ese insulto para arengar a los suyos en pos de la victoria. De locos. Pero así es el Rayo Vallecano, para lo bueno y para lo malo, un club distinto en todas sus facetas.
Un club en el que su máximo mandatario, Raúl Martín Presa, a
pesar de mantener al equipo un año más en la máxima categoría del fútbol
español, y ya van 6 consecutivos, y en la final de una competición europea, la
Conference League, por primera vez en su historia, tiene en contra a la gran
mayoría de la masa social del club. Su distanciamiento roza el infinito, hasta el punto de no ocurrírsele nada mejor
que bajar al campo con guardaespaldas para hacer entrega de una placa
conmemorativa en la despedida homenaje a su eterno capitán, como así se ha
definido en la grada de Vallecas al bueno de Oscar Trejo. Una escenografía de protección y separación difícilmente compatible con el espíritu de una ceremonia nacida para celebrar vínculos, memoria y pertenencia. Quizá el grito de
guerra de puto Rayo, a él no le haga tanta gracia y le vea otras implicaciones
más físicas que líricas.
Un club en el que su entrenador y sus jugadores se entregan
a la afición para celebrar sus victorias y cantar al unísono el himno no
oficial del club, la ya archiconocida Vida Pirata. Tal es el compromiso de
jugadores y técnicos con el barrio que es posible verlos en actos populares
como las Jornadas del Rayismo mezclados entre aficionados, o salir del
vestuario cruzar un par de calles y plantarse en un bar de los soportales
vallecanos a pedir unos kebabs para cenar en el estadio junto a sus compañeros.
Un club en el que sus aficionados son capaces de aguantar
estoicamente horas y horas haciendo cola para adquirir una entrada porque el
club no tiene venta online o que tienen que tienen que sufrir en sus carnes las
peores instalaciones del fútbol profesional a día de hoy, el abandonado Estadio
de Vallecas.
Un club que esta temporada encabeza la lista de equipos más
perjudicados por el VAR, esa herramienta que vino para hacer justicia ante los
errores arbitrales. El CTA en su apartado de revisión de los mismos denominado
“Tiempo de Revisión”, ha admitido hasta 6 veces esta temporada equivocaciones
del VAR hacia el equipo de la franja.
Pero ¿qué es el puto Rayo?. No hay mejor respuesta que la de
su primer entrenador, Iñigo Pérez, que preguntado por este aspecto en la rueda
de prensa posterior al partido de liga frente al Español, tras una victoria
agónica y con una sonrisa de oreja a oreja decía “Significa mucho. Es cambiar
la mentalidad del rayito, de que todo nos pasa a nosotros, que tenemos
dificultades, a una sensación de que también podemos jugar finales. Ese cántico
significa una especie de metamorfosis de la mentalidad de los jugadores del
Rayo que va acorde con lo que vemos en la grada”
Una metamorfosis contra todo y contra todos pero en sentido
positivo, todo lo contrario a lo que en su día escribió Franz Kafka, donde su
protagonista Gregor despierta convertido en un insecto monstruoso víctima de la
degradación y la deshumanización.
El puto Rayo ha logrado su permanencia en primera división
dos jornadas antes de la finalización de la liga, salvando todas las
vicisitudes estructurales, deportivas y arbitrales.
El puto Rayo va a jugar el próximo día 27 de mayo en
Leipzig, la primera final europea de su historia, la de la Conference League
frente a un poderoso club de la Permiere League inglesa, al menos a nivel
económico, el Crystal Palace.
Una metamorfosis sin dejar de lado su esencia, la del fútbol
de barrio, sin dejar de lado sus raíces, las de la clase obrera. El fútbol
moderno de hoy en día necesita historias de fútbol, como la protagonizada esta
temporada por el puto Rayo.
Larga vida al puto Rayo.